
Por qué los misiles iraníes que destruyeron radares THAAD son un golpe para Donald Trump
Fotos satelitales revelaron que misiles iraníes lograron dejar fuera de servicio un radar AN/TPY-2 de RTX Corp. y equipo de apoyo —parte del sistema antimisiles THAAD de EE. UU.— en la base aérea Muwaffaq Salti en Jordania durante los primeros días de la guerra. Este daño pone en evidencia vulnerabilidades que tienen impacto político y estratégico para la Casa Blanca.
Información disponible sugiere además que unidades AN/TPY-2 y su infraestructura podrían haber sido dañadas en ataques iraníes en Al Ruwais y Al Sader (EAU), así como otra afectación cerca de la Base Aérea Prince Sultan en Arabia Saudí. Estados del Golfo han denunciado falta de tiempo para prepararse ante la avalancha de drones y misiles iraníes.
Los Estados Unidos disponen de ocho sistemas THAAD desplegados globalmente, entre ellos en Corea del Sur y Guam. Cada batería cuesta aproximadamente 1.000 millones de dólares, de los cuales el radar representa cerca de 300 millones, según el Center for Strategic and International Studies. En la práctica, Irán ha destruido un componente clave valorado en cientos de millones que estaba destinado a proteger aliados en Asia Occidental.
Una batería THAAD típica incluye alrededor de 90–95 soldados, seis lanzadores montados en camión, 48 interceptores (ocho por lanzador), y un radar TPY-2 junto con la unidad táctica de control de fuego y comunicaciones. Cada interceptor, fabricado por Lockheed Martin, cuesta en torno a 13 millones de dólares.
THAAD opera interceptando misiles balísticos en su fase terminal, tanto dentro (endoatmosférico) como fuera (exoatmosférico) de la atmósfera. Puede defenderse contra misiles de alcance corto, medio e intermedio. Su método distintivo es el impacto cinético: no emplea ogivas, sino la energía del choque para neutralizar proyectiles entrantes.
Los radares TPY-2 de THAAD son capaces de detectar y seguir misiles a distancias que van entre 870 y 3.000 km, por lo que su pérdida supone una merma significativa en la conciencia situacional y en la capacidad de defensa regional.
Para la Administración estadounidense —y por extensión para la imagen política de Donald Trump en un contexto de confrontación— la destrucción de estos activos significa tanto un coste material elevado como un golpe simbólico: evidencia de que las defensas desplegadas pueden ser alcanzadas y degradadas por la respuesta iraní.
En paralelo, EE. UU. busca reforzar sus capacidades anti-drones en la región. El sistema Merops, que se está enviando, lo hace mediante drones contra drones; es lo bastante pequeño para caber en la caja de una camioneta mediana, identifica objetivos y se acerca a ellos, usando inteligencia artificial para navegar cuando las comunicaciones por satélite y las señales electrónicas están bloqueadas o interferidas.
Fuente: The Week