
Más allá de la IA: rehumanicemos nuestras relaciones
Hay tanto que se discute sobre la llegada triunfal de la inteligencia artificial. Hay celebraciones y también preguntas. Las celebraciones anticipan oportunidades; las preguntas plantean inquietudes fundamentales. ¿Harán las IA también poesía? ¿Seguirá Gemini las órdenes para crear humor? Pero hay algo más profundo en juego.
La máquina es la manifestación morfológica del ego humano. Mientras la máquina permaneció sumisa, la relación funcionó bien. Esta vez, sin embargo, parece existir una amenaza real de inversión de roles. La posibilidad de que los seres humanos queden reducidos a esclavos —o, peor aún— de que las máquinas nos dominen es muy real.
Más fundamentalmente, hay una amenaza al concepto de sociedad como una red de relaciones sociales, que, como advierte el filósofo esloveno Slavoj Žižek, está siendo transformada en una red de máquinas. La creatividad y la imaginación, instintos nucleares del ser humano, están cada vez más mediados por tecnologías.
Uno de los primeros signos de esta amenaza inminente es nuestra creciente propensión a mediarlo todo mediante máquinas, incluso en las interacciones básicas entre personas. En mi anterior trabajo tuve un colega al que trataba como a un hermano menor: un vínculo de respeto mutuo forjado a lo largo de años de convivencia laboral. Pero las cosas cambiaron por algo banal.
Usé la palabra “Babua” —que en el corazón de la India significa hermano menor— en un mensaje de WhatsApp. Su curiosidad, desde lo profundo hasta lo cotidiano, siempre dependía de la pantalla del móvil. Esta vez también consultó el significado en su teléfono, y la búsqueda le dio la impresión de que yo intentaba infantilizarlo. El buscador que tradujo “Babua” no supo transmitir el cariño y la afecto implícitos en ese término en su contexto real.
Las máquinas no pueden capturar el significado subyacente de un texto cultural, sus sutilezas y matices. Esta mala interpretación ocurrió por la sobredependencia en la máquina. Antes, confiábamos los unos en los otros no sólo por años de experiencia y acontecimientos compartidos, sino también por gestos táctiles y sensoriales de compasión y empatía.
Un abrazo cálido de un desconocido junto a un hospital cuando todo parecía irrevocablemente mal, o la aparición de un pariente mayor como un salvador cuando todo parecía desesperado, construían confianza. La confianza no estaba bajo el escrutinio constante mediado por máquinas; tenía una base social formidable.
En los debates sobre la IA, la preocupación principal parece ser el posible desempleo masivo. Pero la crisis es mucho más seria: amenaza la lógica constitutiva misma de la sociedad humana. Cada vez más estamos siendo aislados de las redes orgánicas de sociabilidad. La fisicalidad de la presencia humana —el dinero, las necesidades, comprar y vender, abastecerse, recorrer tiendas— se está tranzando ahora a través de portales en línea.
Palabras como “pensar” o “cerebral” corren el riesgo de externalizarse. La red social de relaciones creó un reservorio emocional —humor, melancolía, dolor, sufrimiento, separación—. Ese reservorio dio obras clásicas como Pyaasa de Guru Dutt y las interpretaciones atemporales de Salil Chowdhury. Pero para apreciar esos desbordes y expresiones emocionales hace falta ser parte del mundo social.
En una era en la que las relaciones se rompen por no darle “me gusta” a un mensaje en el chat familiar de WhatsApp, es hora de invertir en lo humano. Lamentablemente, todo lo que aprendimos de la pandemia fue el distanciamiento social y físico. Ha llegado el momento de tratar la IA con cautela y rehumanizar nuestra existencia.
Ve a comprar tu pescado y tus víveres al mandi, donde encontrarás a tus amigos en tiempo real. Estos actos cotidianos generan nuevas relaciones y, a su vez, recargan las redes humanas.
El autor es un escritor y sociólogo radicado en Chandigarh.
Fuente: The Indian Express — Beyond AI: Let’s rehumanise our relationships